Mis vivencias (2º parte)
Cuando uno intenta hacer memoria, le vienen muchos recuerdos de la infancia. Es problema es ctalogarlos por años. ¿cúal fue tu primer recuerdo?, pues no lo sé, por eso creo que es mejor y más honesto contarlos por el orden cronológico, porque siempre con los primeros recuerdos de la niñez acabas dudando si algo fue el mismo año, o un par de años antes.
La Semana Santa hasta que en el año 90 se funda la Cofradía de la Santa Cruz, tenía 10 cofradías. 3 en Palacio, 3 en la Redonda, 1 en Santiago y en los Colegios de la Enseñanzay Escolapios, casi todas en una zona muy delimitada de la ciudad. La Flagelación en Santa Teresita, era un oasis en el resto de Logroño. Lo más normal en aquellos años para los niños, era que si no vivias en una de esas zonas, la existencia o no de la Semana Santa Logroñesa, dependiese de si tus padres te querían llevar a ver las procesiones.
Los niños que viviamos en la zona de Santa Teresita sabíamos perfectamente cuando se acercaban esas fechas. Nuestra posesión más preciada, el parque infantil de tráfico era invadido por una banda. Arrinconados en la zona de los columpios disfrutábamos de aquel hilo musical. ¡ala que gallo!, pero si llevan toda la tarde tocando la misma canción, ¡no es la misma!, sí, fijate, es la misma lo que pasa es que cada vez tocan más fuerte los bombos para que no se oiga lo que suena mal.
También en la catequesis se notaba, sobre todo los años que te tocaba la sala de la mesa redonda. Así era como se llamaba a la sala que sirve de unión entre la parroquia y el salón de actos. Allí, en esas fechas la catequista solía asomarse, antes de dejarnos entrar, para ver como lo habían dejado todo los de la cofradía. Incluso hemos llegado a dar catequesis con la sala llena de cubos con las esponjas para las flores empapándose.Quizás uno de los recuerdos de esos años, fue en 1991, un día al entrar en el cuarto los de la flagelación habían dejado los carteles de Semana Santa encima de la mesa, con los ojitos de corderos degollado, fue verlos y pedirlo todos los niños, Asun, Asun, ¿podemos cojer uno? Asun no sabia donde meterse y llamo a Fernando, que como siempre se hizo de rogar, hasta que cedió, imagino que todavía la cofradía estará buscando los 15 carteles que le faltaron ese año.Por cierto ese cartel lo sigo conservando.
En mi casa , como en muchas de aquel Logroño, la semana santa consistia en Domingo de Ramos, Encuentro, Viernes Santo y el Jueves una vuelta a las iglesías a ver los pasos y los sagrarios, luego si por tu barrio pasaba una procesión o escuchabas tambores a lo lejos, te acercabas a mirar.
La Semana Santa de Logroño para un niño empezaba como ahora, el sábado de las chuches, Mamá; mamá hay que bajar a por chuches para adornar el ramo.... Quiero paraguas de chocolate, pulseras de aspirinas, chupetes de caramelos, varias bolsas de palomitas para ponerlas en tira con hilo..... Señora, mire a ver a su hijo, no sé si quiere adornar una palma o todo un árbol del Espolón. Mamá creo que he comprado un poquito de más, ¿si sobra puedo comérmelo hoy?, ésta era la historia que se repetía, año tras año.
El Domingo de Ramos era glorioso, a los ojos de un niño un desfile larguísimo de muchos colores, con dos bandas y aquel paso blanco tan grande, ala ¡lo que tiene que pesar eso tan grande y con tantas figuras!, uno se volvia contento a casa, bueno a medias, no comas mas chuches que luego no comes, jooooo mamá.
El Martes Santo, como he dicho antes, para mí era día de procesión. No tenías claro el recorrido, pero bueno salían de Santa Teresita y volvían a Santa Teresita, lo mismo te dabas una vuelta por Avenida de España, como pasabas por la Gran Via y calle Lardero.
Quizás de ésta procesión lo que más me viene a la cabeza sean las tulipas del paso y de las filas. Recuerdo que cuando te ponías a hablar con cualquiera antes de la procesión, ¡ay que bonito! ¿pesa mucho?, no, puedes cojerlo con cuidado, alaaaa son tan bonitos como los que salen en la tele de Sevilla, ¡que va, niño! éstos son mejores, los de Sevilla no se encienden.También una característica de éste paso eran las flores, recuerdo que las ponían en muchos pasos con el tallo largo, de forma que nada más levantar el paso daba más sensación de movimiento.Siempre invitaban a una banda, casi siempre de fuera, acostumbrado sólo a las de aquí, para un niño oir una banda de Bilbao o Burgos, aunque fuesen tan sólo un poco mejor, era como oir a las cigarreras, cuando uno todavía no sabía ni que existian. Mención aparte la entrada del paso por la puerta principal y sin rampas, aquellos eran hombres, o desde la mirada de un niño superhombres.Eso sí,había una cosa que me enfadaba, ¡mamá, mamá, que no puedo ver el paso!, aquella escolta de señoras mayores que desde el último bombo, hasta pasado el paso se ponían a los dos lados, y que en calles estrechas les hacían sudar a los portadores cuando en las paradas no tenian ni sitio para salirse y respirar.


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