No, la culpa no es del virus... (1ª parte)
«Pero es necesario no perder de vista que en los países cristianos o que lo fueron en otros tiempos la fe religiosa y la vida popular forman una unidad comparable a la unidad del alma y cuerpo. En las regiones en que esta unidad se conserva todavía, el folclore no es una supervivencia curiosa de una época pasada, sino una manifestación de la vida actual que reconoce lo que debe al pasado, prueba de continuarlo y de adaptarlo inteligentemente a las nuevas situaciones» (Pío XII, 1953 ,«Palabras al congreso de los Etats Généraux du folklore», Ecclesia, 13: 4-8).
Uno pocas veces ya se sorprende, pero he de confesarlo, que un papa, preconciliar y de hace casi 70 años, use un lenguaje más actual y abierto que algunos cofrades, da auténtico temor.
Cumplimos un año de la pandemia, y uno cada día se da más cuenta que el problema que algunos dan a la globalización cofrade no es estético sino de fondo. No, a algunos no les da miedo un costal, ni el chaval que emula los solos del Kini de Triana, aunque con más gallos que en las negaciones de San Pedro.
Tampoco les asusta que en youtube hayan visto más de veinte veces la entrada en campana de las Tres Caídas y San Gonzalo, ni tan siquiera sus primeros viajes a Sevilla. El selfie en la Capilla de los Marineros, la vista a la tienda de música, aunque sea para comprar un llavero y poder decir que han hablado dos minutos con Julio Vera, tampoco es motivo de preocupación.
El "problema" viene después, deciden volver a bajar. Descubren en el hotel, mientras toman su desayuno continental, como los periódicos opinan. No se dedican a copiar y pegar, notas de prensa salidas del redactor del NODO, donde todo es magnífico y excelente. Para ellos es una novedad que decir que un acto ha sido bueno o muy bueno, es positivo, o que incluso se pueda decir que algo es mejorable. Visitan a las hermandades más modestas o a las de gloria y descubren que tener las imágenes presentables no es cuestión de dinero, sino de trabajo. Consiguen entrar en una casa de hermandad y ven que su sentido es que vaya quien quiera, igual por eso no se molestan en mi ciudad, están más cómodos yendo los de siempre e invitando sólo a los que quieren a la sociedad gastronómica de Pepe.....¡Peligro, el cofrade empieza a pensar!...

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